miércoles, 6 de mayo de 2009

Todo es un montón de mierda (capitulo 1)

Nunca supe que hice mal mientras vivía, todo estaba tan hecho mierda que perdí la cuenta de las noches que lloré. Pero, ¿En verdad lloré?

Todo comenzó cuando vivía en las calles de cierta ciudad, no recuerdo que ciudad era. Un día estaba en una ciudad y al día siguiente despertaba en otra. Jamás probé una gota de alcohol en los probables 30 años de vida que cargaba, jamás fumé un solo cigarro, pero mi debilidad fue mi pasado.
No recuerdo bajo que circunstancias fue, pero sé que maté a alguien. Sólo recuerdo que era una chica. 19 años, estatura media, color de tez aperlada, ojos grandes, muy grandes, cabello castaño oscuro y ondulado. Era una chica muy linda, tenía una sonrisa cautivadora que me encantaba. En mis sueños, soñaba que éramos pareja, pero por muchas razones peleábamos. Yo estaba muy mal.

Un día, sin pensarlo llegue a su casa durante la noche y volvimos a pelear mucho. Ya no era yo, la parte de mi más oscura había acabado conmigo, entonces la tomé por el cuello y la arrojé por la ventana. No había pasado ni media fracción de segundo cuando me arrepentí de hacerlo. Estaba en shock, antes de que sus padres despertaran, tomé una lámpara y la azoté contra mi cabeza, pero mi resistencia era más fuerte. Decidí acabar mi vida con el mismo destino que mi amada. Me arrojé por la ventana al igual que ella, pero yo no calculé distancia y caí sobre un automóvil. Mi cabeza destrozó el parabrisas de un golpe y mi cara, llena de sangre, quedó marcada como manto de Turín sobre el asiento del copiloto. La sangre corrió tanto que perdí la conciencia, lo último que vi fueron mis propios sesos desparramarse sobre el suelo. Pensé que había muerto pero no vi nada más que la luz del hospital.

Desperté y creí que fue un sueño, pero vi mi mano con un catéter sobre la vena y unas esposas sobre la muñeca. La enfermera que estaba ahí solo me vio y salió corriendo del cuarto y enseguida llegó una doctora diciendo por un radio: “El enamorado ha despertado, avísale al detective.” Entonces sacó una de esas luces y me deslumbró los ojos y revisó mi pulso. No podía hablar, mi garganta estaba sequísima, además las palabras no salían correctamente. Después solo me dijo: “Bienvenido de vuelta, espero que hayas descansado lo suficiente porque cuando salgas de aquí, no volverás a ver la luz del sol”.

Pasaron quince minutos y dieciséis segundos, lo sé porque conté cada uno de los tic-tac del reloj de mi cuarto para comprobar que no había perdido la cognición. Entró el detective y me dijo claramente: “Ojala no hubieras despertado, no sabes la que te espera en prisión”. Entonces ya con un poco más de habilidad, logré pronunciar mis primeras palabras después de no sé cuantos años: “¿Qué pasó?” “Prefiero que lo veas tu mismo” y me mostró unas diapositivas con varias fotografías.

Primero me mostró el cuerpo de un hombre sobre un automóvil con el rostro totalmente desfigurado y sesos desparramados sobre el piso y me dijo: “Esté eres tú, Romeo, después de haber causado esto” y me mostró las siguientes diapositivas: 1.- El cuerpo de una chica boca arriba sin ojos, con pliegues laterales de la boca abiertos y la boca abierta mas de su ángulo permitido, los dedos de ambas manos totalmente quebrados. 2.- La misma chica pero desnuda sobre una mesa de autopsias llena de moretones y cortaduras en todo el cuerpo, la pierna derecha totalmente destrozada y quemada. 3.- La misma chica, pero bocabajo con la espalda llena de cortaduras y pedazos de carne descubierta causados por la piel arrancada probablemente a mordidas.

Mis ojos no han podido olvidar esas imágenes tan horrendas de lo que pasó, a pesar de que mi memoria solo ve a un yo arrojando a mi novia por la ventana y teniendo una muerte rápida y probablemente con menos dolor. Quedé con mi mente en blanco en ese momento y estaba a punto de vomitar, de no ser que pasé años en coma sin recibir un solo bocado de comida que no fuera una bolsa de suero.

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